A lo largo de nuestras vidas conocemos a muchísimas personas. No nos molestamos en saber cómo son. Nos fijamos tan solo en las apariencias, por mucho que nos avisen y nos digan que no debemos juzgar un libro por la portada lo hacemos constantemente.
Día tras día, hora tras hora, segundo tras segundo, persona tras persona pasan por delante de nosotros, pero no dejan huella, no nos afectan en nada.
Somos como copos de nieve, a primera vista no parecemos diferentes. No parecemos tener nada especial, pero si te fijas en cada uno de esos copos puedes ver que no hay dos iguales, que son sus diferencias lo que los convierte en algo tan hermoso.
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